27 de diciembre de 2009

Tus Ojos

Father, I bring thee not myself,-
that were the little load;
I bring thee the imperial heart
I had not strength to hold.

The heart I cherished in my own
Till mine too heavy grew,
Yet strangest, heavier since it went,
Is it too large for you?
-Emily Dickinson-


El no utiliza su boca del todo
para hablar
No grita, te mira abruptamente
y un destello vidrioso suele corregirte.
No pide disculpas, te sumerge en el error
y aprendes.

No esperes un te amo, el te come
cual rayito de luz disipado en su pupila.
Nunca dice te extraño
el baja la mirada en derrota
ante la preeminencia de mi albedrío.

No engaña, solo ves dos huecos
incoloros improvisadamente puestos en su rostro.
No miente, el expande la galaxia de su iris hacia
un cosmos inasible.

Cenotes donde ancestrales doncellas
saltaron al vació en auto sacrificio.
Ojos moriscos, de pestañas pastizales,
Ojos donde cabe el hueco de la duda.
Se tragan el dolor del abandono
[entero]
y no duele ya.

Tus ojos, mi libro favorito
donde releo en tu ausencia
una y otra vez las historias
en la memoria del ciego.

Tus ojos cuelgan de tu cara
el peso del olvido, como el libro
carga el polvo y la polilla.

Ojos independientes el uno del otro,
simétricos, alejados lo suficiente para
no morderse la conciencia.

De entrecejo amplio para plantar
los besos que te doy en el insomnio,
que se frunce como el agua de dos mares al juntarse
y al chocar baña las costas de tus cejas.

Tus párpados son olas que lamen tu rostro
y enjugan la pena mía con invisibles lágrimas
bajo cerrojo contenidas, salan mi corazón
en el invierno
y hacen surcos
en la cara
de mi padre,
los ojos del publicano
que de la puerta grita:
Se propicio a mi!